Capitulo 2
Desperté en la puerta del edificio de la calle 34.
Así pare en este apartamento, salí de aquel bar en la 9na
avenida, muy tarde o muy temprano, depende de que día estemos hablando. Estaba
tan frio que no sentía las manos pero no morí porque el vagabundo con el que
compartí la puerta me había cubierto con su cartón de repuesto.
Abrí los ojos y no sabía ni que horas eran, me habían robado
el reloj, ese que me había regalado mi papa una navidad hace tantos años. Como
era principio de año todas las mañanas estaba tan nublado que no sabia si era
de estaba amaneciendo o oscureciendo. No importa realmente, todavía tenía mis
anteojos.
Abrí los ojos y no sabía donde estaba, me dolía la cabeza
como que me hubiera arrollado un camión de la basura, como que me hubiera
arrollado y llevado directo a basurero. Un letrero a unos cuantos metros decía
“Calle 34” apenas se distinguía, estaba tan rayado de tags como todas las
paredes del lado este de la ciudad.
-Feliz día de Reyes.. ¿una moneda para que celebre yo? -Dijo el vagabundo.
-Buen día. Gracias por el cartón.
-No es nada jefe, hubiera muerto del frio como el pobre Juan
si no lo tapaba..
Metí la mano en mi pantalón y saque un billete de 5, el
ultimo que tenía. Revise mi calcetín, todavía tenia una buena cantidad del
cheque de liquidación que me había dado la maldita empresa, luego de 3 años no
se tentaron el alma en hacharme a la calle ese mismo día.
-Ha sido un muy buen empleado, no es nada personal. La
empresa esta atravesando algunos problemas financieros y tenemos que hacer un
leve recorte y usted siendo contador sabe como son los negocios. –Dijo el jefe,
maldito regordete de alta sociedad.
Había laborado 3 años en esa empresa, llegue por la pura
necesidad, lo odiaba mucho, pero necesitaba el trabajo. Luego de 1 año todavía
lo odiaba igual que el primer día, pero tiene razón ese gordo maldito, no era
mal empleado. Ese leve recorte de personal del que estaba hablando nos dejo
desempleados a 40, todos parte de la clase trabajadora; pequeñas termitas de
las que hacen hacen la colmena, granito de arena por granito. De las que
construían la empresa mientras las termitas gordas de alta sociedad bebían
champagne francés y whiskey de etiqueta negra.
Me levanté del escritorio donde estábamos el jefe y yo
sentados, tome mi cheque, estreché su mano y con esa sonrisa acida que me
caracteriza (que por cierto, hace que Alicia moje sus bragas) le solté un muy
sincero “Cómase una carretada de mierda J”
Caminé todavía encandilado con la poca luz que había, vaya,
que borrachera.
Otros colegas termitas y yo habíamos salido como la gran
puta del trabajo, estábamos como la gran puta, pero también felices de no tener
que seguir construyendo la empresa con las heces de los jefes gordos. Salimos y
nos sentamos en el bar de la 9na avenida, aquel típico bar con las paredes del
baño mas rayadas que una orgia de zabras. Bebimos cerveza de termita obrera,
litro tras litro tras litro, todos sentados en la mesa más larga del bar.
Después de la cuarta caja los litros se movían por inercia, habían dos tipos
desmayados. Me levanté a mear, a derretir los hielitos de la letrina y en ese
momento guarde algo de dinero en mi calcetín, al regresar a la mesa los vi a
todos sentados y parecía la Santa Cena. Ahí estaba yo como Cristo con mis doce
discípulos en el medio de la mesa. De todo lo demás no me recuerdo, ¿quién se
fue? ¿quién se quedo? ¿cómo salí? ¿quién era esa tipa en la barra? No sé, ni me
importa, lo que realmente importa es que todavía tengo mis anteojos.
Me senté en la banca del otro lado de la calle, todavía
parecía Cristo pero crucificado de la goma en esa banca. Levanté la mirada y vi
el edificio, lo reconocía porque mas de alguna vez había pasado por aquí hace
años, por aquí estaba la escuela donde estudie para perito contador, maldita
carrera, igual que el trabajo la odie los tres años pero en ese tiempo no tenía
idea de lo que quería hacer de mi mugrosa vida.
Siempre me había gustado, a la vuelta de la cuadra estaba el
motel donde nos encerrábamos a coger con mi novia de la carrera, y lo veía
desde la ventana. Que tiempos aquellos.
El edificio se veía igual, un poco más sucio pero estaba
como congelado en el tiempo.
Cruce la calle y lo veía, sus muros de ladrillo rojo, nunca
se iba a caer a menos que algún laboratorio de metanfetamina de los que habían
en los sótanos de la zona explotara.
-Es una mierda que lo vayan a vender ¿Dónde dormiré ahora?.
–Me dijo el vagabundo ya con una bolsita de aguardiente en la mano.
En
ese momento tuve una epifanía, o tal vez todavía estaba ebrio. Pero le dije:
-¿Con
quien puedo hablar para alquilar un apartamento?, si lo alquilo todavía podría dormir
en la puerta.
-Miré
jefe, el dueño vive en el 2do piso, desde que murió su mujer casi no sale.
Mientras
subía las escaleras me daba cuenta que talvez si estaba todavía borracho, el
lugar era una porquería, pero no podía dejar de subir las gradas. Era mi
instinto de termita atraído a la madera del piso.
Tenía
en el calcetín suficiente para un mes de renta, no tendría para comer todos los
días pero que diablos, no tenia idea de porque tan de repente quisiera vivir
aquí, pero no me lo cuestione. Malgasté tres malditos años en esa empresa y no
hice nada de lo que quería hacer, no me cuestione, cabeza, que yo se lo que
hago. ¿O no?.
Entonces
hable con el viejo, su apartamento apestaba a naftalina, era la naftalina o ese
olor a viejo, como a ser humano viejo que se empieza a pudrir por dentro.
Estaba viendo un programa de esos del cable nacional a todo volumen por su
sordera y tuve que gritarle para que me entendiera. Aceptó fácilmente, no le
caería mal el dinero y no quería mudarse a vivir con su único hijo para
sentirse una carga. No lo culpo, eso debe ser lo peor de ser viejo, eso y usar
pañal de adulto, o bueno, solo el hecho de ser viejo ya es lo peor. Pago por
adelantado. La luz no siempre tiene el mismo voltaje, el agua solo funciona en
las mañanas, de algunas mañanas, y puede que un día mientras duermas o te
devoren las cucarachas o explote la caldera y muramos magníficamente rápido sepultados
en el estomago de este gigante de ladrillo rojo y madera picada. Pero eso no
importa, lo que realmente importa es que al menos pude elegir mi apartamento.
Apartamento
“B” del sexto piso.

Sigues un paso en el cual solo deja mas que claro que El capitulo 3 sera tan vilmente adictivo como los anteriores. Que capacidad de asombro el que logras crear ante la bella realidad.
ResponderEliminar