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lunes, 11 de marzo de 2013

Capitulo 2



Capitulo 2

Desperté en la puerta del edificio de la calle 34.
Así pare en este apartamento, salí de aquel bar en la 9na avenida, muy tarde o muy temprano, depende de que día estemos hablando. Estaba tan frio que no sentía las manos pero no morí porque el vagabundo con el que compartí la puerta me había cubierto con su cartón de repuesto.
Abrí los ojos y no sabía ni que horas eran, me habían robado el reloj, ese que me había regalado mi papa una navidad hace tantos años. Como era principio de año todas las mañanas estaba tan nublado que no sabia si era de estaba amaneciendo o oscureciendo. No importa realmente, todavía tenía mis anteojos.
Abrí los ojos y no sabía donde estaba, me dolía la cabeza como que me hubiera arrollado un camión de la basura, como que me hubiera arrollado y llevado directo a basurero. Un letrero a unos cuantos metros decía “Calle 34” apenas se distinguía, estaba tan rayado de tags como todas las paredes del lado este de la ciudad.

-Feliz día de Reyes.. ¿una moneda para que celebre yo?  -Dijo el vagabundo.
-Buen día. Gracias por el cartón.
-No es nada jefe, hubiera muerto del frio como el pobre Juan si no lo tapaba..

Metí la mano en mi pantalón y saque un billete de 5, el ultimo que tenía. Revise mi calcetín, todavía tenia una buena cantidad del cheque de liquidación que me había dado la maldita empresa, luego de 3 años no se tentaron el alma en hacharme a la calle ese mismo día.

-Ha sido un muy buen empleado, no es nada personal. La empresa esta atravesando algunos problemas financieros y tenemos que hacer un leve recorte y usted siendo contador sabe como son los negocios. –Dijo el jefe, maldito regordete de alta sociedad.

Había laborado 3 años en esa empresa, llegue por la pura necesidad, lo odiaba mucho, pero necesitaba el trabajo. Luego de 1 año todavía lo odiaba igual que el primer día, pero tiene razón ese gordo maldito, no era mal empleado. Ese leve recorte de personal del que estaba hablando nos dejo desempleados a 40, todos parte de la clase trabajadora; pequeñas termitas de las que hacen hacen la colmena, granito de arena por granito. De las que construían la empresa mientras las termitas gordas de alta sociedad bebían champagne francés y whiskey de etiqueta negra.
Me levanté del escritorio donde estábamos el jefe y yo sentados, tome mi cheque, estreché su mano y con esa sonrisa acida que me caracteriza (que por cierto, hace que Alicia moje sus bragas) le solté un muy sincero “Cómase una carretada de mierda J

Caminé todavía encandilado con la poca luz que había, vaya, que borrachera.
Otros colegas termitas y yo habíamos salido como la gran puta del trabajo, estábamos como la gran puta, pero también felices de no tener que seguir construyendo la empresa con las heces de los jefes gordos. Salimos y nos sentamos en el bar de la 9na avenida, aquel típico bar con las paredes del baño mas rayadas que una orgia de zabras. Bebimos cerveza de termita obrera, litro tras litro tras litro, todos sentados en la mesa más larga del bar. Después de la cuarta caja los litros se movían por inercia, habían dos tipos desmayados. Me levanté a mear, a derretir los hielitos de la letrina y en ese momento guarde algo de dinero en mi calcetín, al regresar a la mesa los vi a todos sentados y parecía la Santa Cena. Ahí estaba yo como Cristo con mis doce discípulos en el medio de la mesa. De todo lo demás no me recuerdo, ¿quién se fue? ¿quién se quedo? ¿cómo salí? ¿quién era esa tipa en la barra? No sé, ni me importa, lo que realmente importa es que todavía tengo mis anteojos.

Me senté en la banca del otro lado de la calle, todavía parecía Cristo pero crucificado de la goma en esa banca. Levanté la mirada y vi el edificio, lo reconocía porque mas de alguna vez había pasado por aquí hace años, por aquí estaba la escuela donde estudie para perito contador, maldita carrera, igual que el trabajo la odie los tres años pero en ese tiempo no tenía idea de lo que quería hacer de mi mugrosa vida.
Siempre me había gustado, a la vuelta de la cuadra estaba el motel donde nos encerrábamos a coger con mi novia de la carrera, y lo veía desde la ventana. Que tiempos aquellos.
El edificio se veía igual, un poco más sucio pero estaba como congelado en el tiempo.
Cruce la calle y lo veía, sus muros de ladrillo rojo, nunca se iba a caer a menos que algún laboratorio de metanfetamina de los que habían en los sótanos de la zona explotara.

-Es una mierda que lo vayan a vender ¿Dónde dormiré ahora?. –Me dijo el vagabundo ya con una bolsita de aguardiente en la mano.

En ese momento tuve una epifanía, o tal vez todavía estaba ebrio. Pero le dije:
-¿Con quien puedo hablar para alquilar un apartamento?, si lo alquilo todavía podría dormir en la puerta.
-Miré jefe, el dueño vive en el 2do piso, desde que murió su mujer casi no sale.

Mientras subía las escaleras me daba cuenta que talvez si estaba todavía borracho, el lugar era una porquería, pero no podía dejar de subir las gradas. Era mi instinto de termita atraído a la madera del piso.
Tenía en el calcetín suficiente para un mes de renta, no tendría para comer todos los días pero que diablos, no tenia idea de porque tan de repente quisiera vivir aquí, pero no me lo cuestione. Malgasté tres malditos años en esa empresa y no hice nada de lo que quería hacer, no me cuestione, cabeza, que yo se lo que hago. ¿O no?.
Entonces hable con el viejo, su apartamento apestaba a naftalina, era la naftalina o ese olor a viejo, como a ser humano viejo que se empieza a pudrir por dentro. Estaba viendo un programa de esos del cable nacional a todo volumen por su sordera y tuve que gritarle para que me entendiera. Aceptó fácilmente, no le caería mal el dinero y no quería mudarse a vivir con su único hijo para sentirse una carga. No lo culpo, eso debe ser lo peor de ser viejo, eso y usar pañal de adulto, o bueno, solo el hecho de ser viejo ya es lo peor. Pago por adelantado. La luz no siempre tiene el mismo voltaje, el agua solo funciona en las mañanas, de algunas mañanas, y puede que un día mientras duermas o te devoren las cucarachas o explote la caldera y muramos magníficamente rápido sepultados en el estomago de este gigante de ladrillo rojo y madera picada. Pero eso no importa, lo que realmente importa es que al menos pude elegir mi apartamento.
Apartamento “B” del sexto piso.

1 comentario:

  1. Sigues un paso en el cual solo deja mas que claro que El capitulo 3 sera tan vilmente adictivo como los anteriores. Que capacidad de asombro el que logras crear ante la bella realidad.

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